César Alva: "Yo maté a esa niña, yo la violé y la estrangulé con una soguilla" - INTI Noticias

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7 de febrero de 2018

César Alva: "Yo maté a esa niña, yo la violé y la estrangulé con una soguilla"

Tras un intenso interrogatorio de ocho horas, César Alva Mendoza “El Monstruo de la Huayrona” confesó ante la PNP cómo cometió la violación y el crimen a la pequeña Jimena, una niña de solo 11 años que salía de sus clases de verano en la comisaría de Canto Rey, en San Juan de Lurigancho. El sujeto también declaró que durmió con el cadáver de la menor durante 14 horas.



“En esos momentos estaba loco, estaba poseído por las drogas. No sabía lo que hacía, solo atiné a meter el cuerpo de la menor en un costalillo y lo trasladé hasta mi cuarto, donde lo escondí debajo de mi cama”, dijo César Alva ante los agentes de la División de Investigación de Homicidios de la Dirincri.

El sujeto continuó con su confesión, que se tornaba cada vez más aterradora. El “Monstruo de la Huayrona” aseguró que intentó dormir, pero la cabeza le daba vueltas, por lo que entró en un estado de desesperación. Para ese momento, ya habían pasado 14 horas.

“Saqué el cadáver de la niña para arrojarlo en la calle. Al observar que nadie me había visto, le prendí fuego”, declaró el asesino con total sangre fría.

Cabe destacar que el, durante su confesión, César Alva admitió haber impactado su bicicleta a la niña para luego ofrecerle su “ayuda” y llevarla en su bicicleta a un hospital.


No obstante, el “Monstruo de la Huayrona” llevó a la menor a un descampado que otros usaban como fumadero en la zona de La Huayrona, en San Juan de Lurigancho. Allí la violó y estranguló con una soguilla.

“Voy a decir toda la verdad, jefe. Solo la verdad. Yo maté a esa niña, yo la violé y la estrangulé con una soguilla”, declaró César Alva ante la presencia de la titular de la Fiscalía Provincial Mixta de San Juan de Lurigancho, Consuelo Chipana Ortega, y un abogado de oficio asignado al homicida.


Sin mostrar alguna intención de arrepentimiento, César Alva relató que actuó solo, sin cómplices, en la mañana del jueves primero de febrero, cuando transitaba a bordo de su bicicleta con dirección a la comisaría de Canto Rey, donde acostumbraba merodear.

“Ya había visto a la niña que caminaba sola, entonces la seguí hasta interceptarla. Con la bicicleta le di un golpe en la pierna. Ella cayó por un momento y luego la auxilié diciéndole que la llevaría a una posta para que se atendiera. Fue entonces que la conduje a un terreno abandonado donde con engaños la metí en un cuarto. Al ver que ella ponía resistencia, la arrojé al piso para luego violarla”, narró con frialdad César Alva a sus captores.

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